Aunque las reformas han sido de envergadura limitada—97 por ciento de toda la distribución de agua sigue en manos de los gobiernos—millones de nuevos hogares en diversos lugares como lo son Argentina, Cambodia, Guinea, Marruecos, y las Filipinas han sido conectadas a redes de agua. En los países en vías de desarrollo con inversiones privadas en infraestructura de agua, 80 por ciento de la población tiene acceso a una mejorada fuente de agua, comparado con el sólo 73 por ciento en los países en vías de desarrollo que no tienen dichas inversiones. Pero las privatizaciones han despertado una clamorosa resistencia. Una combinación de organizaciones no gubernamentales, uniones de comercio para empleados públicos y algunos medios de comunicación, principalmente mediante demostraciones y campañas de alto rango, han hecho todo lo que ha estado a su alcance para limitar el rol de los mercados y de la empresa privada. Y han sido exitosos. La velocidad de la privatización se ha disminuido y el Banco Mundial, uno de los mayores catalizadores de privatización, se ha colocado en la defensiva. Las compañías globales de agua están cada vez menos deseosas de invertir en países en vías de desarrollo. En el Foro Mundial Social, en Mumbai, India, en Marzo del año pasado, la campaña continuó. Éste es un trágico desempeño, y lo es aún más porque los activistas de anti-privatización están equivocados en casi todos sus argumentos. Lo que ellos llaman privatización no asemeja ni remotamente a lo que es la completa desregulación y liberalización de los servicios. Mejor dicho, lo que hemos visto son diferentes formas de una cooperación altamente regulada entre gobiernos con pocos recursos de los países subdesarrollados y compañías de agua especializadas y experimentadas. El argumento más común en contra de la privatización es que derivará en tarifas de consumo más altas, haciendo imposible que los pobres paguen por su agua. Esto es una enorme simplificación. Es verdad, que hay casos en que los precios han subido después de llevarse acabo la privatización, pero también hay casos en que las tarifas han sido reducidas. En efecto, precios bajos artificiales son una de las principales causas detrás de la crisis. Cuando los operadores saben que ellos perderán dinero con cada hogar nuevo que conecten, ellos no tienen incentivo para extender las redes de agua. Además, ellos no reciben suficiente capital para construir nuevas tuberías o para mantener la infraestructura. Millones de mujeres y niños gastan horas de cada día (10 millones de hombres-año por año) consiguiendo agua de fuentes remotas. Ellos no pueden trabajar o ir a la escuela y por lo tanto se hallan atrapados en la pobreza. Precios muy bajos también derivan en el desperdicio y la mala asignación en agricultura donde la mayoría del agua es utilizada, y generalmente utilizada de manera ineficiente. |